Un blog creado como tantos otros, pero en este caso para ser utilizado como una especie de diario y una forma de desahogarme a veces, aunque sea como hablarle a la pared :)
sábado, 30 de julio de 2011
Historias de Autobús
He de decir que esta idea fue la que se me pasó por la cabeza para escribir hoy, pero incluso yo dudaba de ella, pero a la hora de escribir, reflexionando un poco, si esto es para escribir lo que quiera para que ponerme a mi mismo limitaciones?¿, es una pregunta tonta pero es así, si esto no va de nada en concreto para que rechazar esto¿?? Así que me animo a escribir este "relato bélico", porque esto, si que era una verdadera batalla campal, y después de la comida de hoy a medio día tengo más ganas de escribir para despejarme, así que comienzo este relato sobre esas mañanas donde montarse en el autobús era una victoria.
Este relato he de decir que ya tiene sus años, ahora suelo ir en coche a cualquier sitio, pero antes, al principio de entrar en la universidad como la gran mayoría, iba en el bus de La Sepulvedana que es el que pasaba por el pueblo, recuerdo las mañanas de Noviembre y Diciembre, ir con la cara congelada por la calle hasta llegar a la estación, no es nada del otro mundo, pero el cambio de estar dentro en comparación con la calle era grande, al entrar lo primero que hacías era saludar, siempre estábamos los mismos a la misma hora, da igual que fuera a las 8 de la mañana o a las 8:30, echas el rato pagando el billete, mirando si hay cambio y comentando con el de al lado las pocas ganas de madrugar que tienes y sobre la dichosa práctica que tienes a tercera hora, pagabas, recibías tu cambio y por lo menos cuando antes, con 5 euros podías echar el día, llamadme lo que sea, pero cuando entré en la universidad sobre 2003, la ida y la vuelta eran 1,70, y te sobraba dinero para fotocopias y desayunar en la vieja cafetería por la mañana.
Cuando por fin sacaba el billete, lo solía tener en la mano, y no me volvía a poner los guantes, amigos inseparables como las bufandas esas mañanas tan frescas, porque a ver quien me dice que era capaz de sacar la calderilla de la cartera con los guantes de lana, aún espero que alguien lo diga. Volviendo al tema del billete con él te ibas a la parada y se recibía de nuevo la suave hostia del frío, que de caricia tenía poco, me giraba y siempre había algún rezagado, que llegaba con la hora justa, a todos nos costaba madrugar y también hay que decirlo al no tener coche nos sabíamos el horario de los autobuses mejor que el padre nuestro o la tabla del uno. Y al salir después de ese momento de relajación de alguna risa y un millón de anécdotas en la cola del billete se daba el paso hacia nuestro campo de batalla.
Ese campo de batalla era la parada del bus y para que haya una batalla mínimo ha de haber dos bandos, y en nuestro caso el bando universitario o estudiante tenía su rival, ese rival era ..... (momento de suspense) ...., nuestro rival era la tercera edad, el bando de los "abuelos", los abuelos eran los abuelos de toda la vida, se juntaban sobre la misma hora que los universitarios para sus citas con el médico, la gran putada para algunos, era la manía que tenían de coger el autobús de las 9 cuando la cita la tenían a la 1 de la tarde. En ese momento las risas ya no estaban, solía colocarme bien la bandolera y estar atento a la parada, hablando con quien fuera o como muchas mañanas, soñando despierto, cosa que aún suelo hacer, todo tranquilo hasta que se veía el movimiento, todas las personas iban a la parada, no hace falta decir porque iban allí, así que me movía y me metía ne el meollo junto a los demás, solía ponerme de los últimos al empezar la parada, ya que era donde se paraba el bus y cuando llegaba, siempre se producía el movimiento de la gente para colocarse en las puertas, luego más tarde solo abrían la del conductor, así que la pelotera aumentaba, y también el odio que le tenía alguno a los conductores por hacerle la jugarreta, se abría la puerta y empezaba la batalla de todos los días.
El autobús normalmente venía con gente de Bailén así que no estaba vacío, y no había plazas para todos, el compañerismo se disolvía y era la lucha del más fuerte por poder sentarse, los estudiantes por no perder la clase, sobre todo los que tenían a primer ahora práctica, los abuelos para no perder su cita de las . Y eran todas las mañanas empujones y quedarte parado si te ponías en mal sitio como al lado de la puerta, te quedabas encajado entre el bus y los que se movían y no te podías mover, de montarte de los primeros pasabas a los últimos en un segundo, pues hala por la mañana todos arriba como si nos fuera la vida, compañerismo ninguno, solo el famoso grito "Pillame sitio", grito de guerra de todo el que estaba abajo cuando se subía algún conocido, el que entraba estaba en la gloria y se veía con el objetivo de encontrar sitio, todos teníamos la manía de ir al final, los de Bailén también, así que del final te volvías al medio pero si te descuidabas, los sitios que tenías detrás libres los cogían los que iban subiendo, mientras los que estaban abajo seguían apretado en ese pequeño conflicto de empujones e insultos por parte de los abuelos, porque en esta historia eran ellos los que no tenían respeto, más de una vez he recibido un ganchazo en la espinilla, y un poderoso culetazo de una abuela desesperada por pillar su sitio, esta subía y se ponía a gritar como si le hubiera tocado la lotería :
- Este sitio para miiiiii y este para mi Luciiiiiiiiiii
Este grito no lo he olvidado en la vida, y aun lo recuerdo cada vez que me monto en un autobús, escalofriante, como diría Iker Jimenez. Además de estos golpes tan delicados y luego te llamaban sinvergüenza por no dejarles pasar. Ocurría algo, un hecho que todos sabemos pero nadie dice nada, las abuelas y algún que otro abuelo le gustaba tocar el culo a más de un estudiante, doy fe más de una mañana he sentido una mano huesuda palpar mi culo, y encima apretar, que ganas no le faltaba, pero ante esa situación que haces, te giras y ver un mar de caras intentando subir y si te paras te dicen: "-Espabila" , "- Porque cojones te paras", - "Que lo demás tenemos prisa", y otras tantas lindezas, con lo cual no sabías quien te había tocado el culo, podías tener sospechas pero no confirmación.
Tras este periodo de batalla y ya dentro del bus cuando por fin te sentabas te dabas cuenta que muchas veces ni te habían guardado sitio y te ponías donde podías. tenía la costumbre de ponerme en el lado que daba a la parada para seguir viendo la batalla entre los dos bandos para ver quien entraba, y se veía como llegaba algún rezagado que se le habían pegado las sabanas, hasta que de repente se escuchaba un murmullo desde fuera, el bus estaba lleno, mirabas a todos los que estaban sentados, aunque prácticamente nos mirábamos todos entre todos y volvías a ver quien se había quedado fuera. alguna vez el autobusero ese cabrón con a veces buen corazón montaba a alguno/s de más, iban en la escalera y a veces en el pasillo, no era legal, pero no se podía traer un bus para 4 o 5 personas más. Las veces que no pasaba este acto de bondad ilegal, miraba por la ventana al igual que los demás, más que por compasión con el morbo de decir quien se había quedado sin subir. el autobús se iba y mirabas las caras, había de todo desde los que se reían hasta la que se ponía histérica.
El viaje empezaba y siempre los primeros comentarios eran por los caídos en esa mañana, luego se hablaba de todo un poco, deportes, la juerga del jueves, temas, cotilleos de clase, o el silencio si no tenías un compañero de viaje muy hablador. Y a la mañana siguiente vuelta a empezar otra batalla, algunos seguíamos al mismo ritmo todos los días, el que se quedaba abajo no volvía a repetir esa caída en el frente de la estación.
Esas eran mis mañanas, para ir a la universidad, ahora no se si todo sigue igual, creo que no, al haber más turnos, y sobre todo la subida del billete del bus, pero ayer recordé esta historia y me apetecía escribirla, con detalles bélicos, si no no sería una batalla. Ayer dudaba de esta historia pero leyéndola me ha gustado como ha quedado, espero arrancar alguna sonrisa a los pocos que la lean al igual que me he reído recordando estas cosas y más que no he escrito. No es la mejor historia, pero me gusta. Al menos me ha hecho olvidar el trago del medio día
Dedicado a todos los universitarios, pasados, presentes y futuros, que hemos estado y estarán en la estación de autobuses, recordad que a día de hoy aun hay quien coge el de las 9 para ir a la cita de las 1 de la tarde.
P.D, ya cambiaré el dibujo por algo mejor
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no cambies el dibujo, mola
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