Ayer al estar en Jaén haciendo de chófer, algo habitual en casa, vi algo que me hizo pensar un poco. Cuando hago de chófer suelo dejar el coche en el corte Inglés y mientras mi madre y mi hermana están mirando ropa en las tiendas, yo suelo ponerme a andar y así hago algo de deporte. No tengo ruta fija, solo me recorro Jaén de arriba a abajo. Es algo que me gusta porque voy conociendo la ciudad poco a poco y siempre se descubre algún detalle nuevo de ella.
El caso es que tras una buena vuelta, desde el seminario, de ahí a la catedral (muy religioso me esta quedando el recorrido), llegué a la plaza de los Jardinillos, donde se encuentra la oficina de Correos de Jaén, y ahí fue donde vi lo que me chocó un poco. Había un niño sentado en un banco, con un portátil, el niño podía rozar los 10 años y ahí estaba, sentado con su portátil, en este caso un pequeño note-book. Con la picaresca di un pequeño rodeo para ver que hacia el crío, me resultaba raro la situación, y vi que estaba con un juego de plataformas. Un pequeño muñeco que estaba dando saltos de un lado a otro. Tras verlo seguí adelante mi camino y no dejaba de darle vueltas a la cabeza.
A estas alturas de año, con la edad de ese niño, más que jugar ya estaba metido de lleno con los cromos de fútbol de Este Ediciones, comprando los paquetes de sobres, cambiando cromos sin parar, y sobre todo para conseguirlos jugando con otros niños. Jugarlas a tirarlas con la piedra, a levantarlas con la mano, a ver cual llegaba más lejos en el banco, y así un buen puñado de juegos. O los clásicos, jugar a la pelota al pilla pilla, u otra cosa similar. Y de repente veo a este niño jugar con su portátil solo, sin nadie como es evidente, si se dijera que había algún pequeño más mirando como cuando de pequeño estaba en los juegos recreativos, se pude decir que ves la novedad o como otras veces uno se queda sorprendido por el "nuevo" juguete que tiene tal. Pero aquí ni había niños mirando, ni nada que se le pareciera, solo un niño sentado jugando con un portátil en la calle.
No tengo mucho en contra de la informática ni los ordenadores, además he de decir que en mi caso me tiro más tiempo del que debería con esto. Pero en este caso del niño, que seguro que juega con otros, no deja de hacer pensar, que el juego con los demás se pierde y se pasa un poco al individualismo, a que tu juego más habitual sea una pantalla. A esa edad hay cosas mucho mejores que estar con el ordenador en el parque. Lo malo que se esta perdiendo, tengo una mentalidad, y tengo unos recuerdos de infancia que poco a poco parecen ya cosas del pasado. Pero de un pasado lejano, donde nos conocíamos todos, ya porque estábamos cambiando cromos, o porque jugábamos al fútbol en cualquiera de las plazas del pueblo o las escuelas saltándonos la verja.
Es un tiempo que recuerdo con cariño, donde un PC era un artículo de lujo y un portátil era decir, halaaaaaaa tiiiiooooo, donde las consolas eran artículo exclusivo de unos pocos, y donde para jugar y quedar no teníamos móvil. Solo teníamos nuestra palabra

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